Todo el mundo tiene o ha tenido la experiencia de aburrirse, yo personalmente me he aburrido mucho en mi vida, sobre todo en mi adolescencia donde solo la bicicleta o los deportes eran alternativas al marasmo que me aturdía sobre todo en verano, tres meses enteros. Allí en el pueblo marinero donde pasaba los veranos en casas destartaladas de marineros exiliados, y donde solo media docena de chavales de mi edad oscilábamos entre el mar, la bici y el campo de futbol. Ni siquiera TV había y por supuesto nadie sabia aun qué era eso del entretenimiento o el ocio, algo que en cualquier caso estaba muy mal visto y que llevaba consigo un estigma moral.
Imagínese usted pues en el siglo XIX viviendo una vida aburrida casada con un médico de pueblo poco comprensivo con sus deleites y entenderá rápidamente que el aburrimiento pudo hacer mella en usted como lo hizo sobre Emma Bovary. En realidad si la novela sobre la Bovary tuvo tanto éxito fue porque había muchas bovarys anónimas que no tenían voz. Naturalmente el aburrimiento —que se llamaba spleen, según Baudelaire— y que era una especie de melancolía enfriada que afectaba sobre todo a las mujeres burguesas. Nadie sabe si a las lavanderas, planchadoras o campesinas fueron afectadas por ese mal.
Lo más probable es que afectara del mismo modo que otra dolencia curiosa a las mujeres burguesas —la clorosis— pues la burguesía era una nueva clase social que emergió después de la revolución francesa y mimetizaron bien pronto los vicios de los aristócratas: el dinero vino a sustituir a la sangre azul pero sus vicios y patologías eran muy parecidas. La igualdad se logra cuando las clases bajas tienen las mismas enfermedades y los mismos vicios que las clases opulentas.
En este post puede hallar el lector un buen análisis del tedio femenino desde el punto de vista de la literatura francesa.
Pues tedio era en definitiva el spleen, una especie de aburrimiento fastidioso, que llevaba a ciertas mujeres burguesas a la lectura de historias románticas y de ahí el éxito de ciertos autores, que consagraron el realismo a partir de ese arquetipo de mujer que inaugura la Bovary que probablemente enloqueció a partir de la lectura de esas historias del mismo modo que Alonso Quijano enloquece a partir de las novelas de caballerías.
En realidad el realismo se llamaba así porque sus narraciones describen elementos reales de la subjetividad femenina. Las mujeres burguesas en aquella época, estaban mortalmente aburridas, pues no tenían nada que hacer; todas las labores domésticas estaban en manos de criadas. de manera que lo que describe Flaubert es la vida de una mujer que tiene aspiraciones aristocráticas pero que vive condenada en un pueblo de provincias y casada con un medico de pueblo algo ramplón, aunque honesto. Es a través de la literatura que Emma decide vivir su propia aventura de lujos, bailes, distracciones, teatros y amantes. Unos amantes que van relevándose y cada vez cayendo en manos de personajes más abyectos. Hasta llegar a un final apocalíptico y muy realista, con el suicidio con arsénico de la propia Emma Bovary.
Claro que hay un fondo moralista en ese final, en realidad estas novelas donde se ponían patas arriba las reglas morales consensuadas socialmente solo podían acabar mal, así y todo fueron perseguidas y censuradas. Era intolerable que las mujeres aprendieran todos esas cosas que se narran en la novela pues ¿quién impedirá que las quieran seguir en sus propias vidas? Es necesario un final dramático para dotar de una poética moral a la narración. Eso sucede en Mme Bovary y eso mismo sucede en otra novela de la misma época “Anna Karenina”, que también termina en suicidio de la propia Anna.
Pero hay ciertas diferencias entre Emma y Anna. Emma tiene un Eros demasiado abstracto, le da igual uno que otro, lo que le interesa es el mundo de lujos que imagina como el mejor de los mundos, aspira a la aristocracia. Pero Anna —que es rusa— y es de hecho una aristócrata y así y todo pierde la cabeza por el príncipe Bronsky y abandona a su marido y su hijo para seguirle en una aventura que termina mal porque los celos y la vida doméstica de esperas e incertidumbres la corroen. Aquí Eros es demasiado concreto: ha de ser éste y solo este me interesa.
En cualquier caso ambas se suicidan lo que deja tranquilos los juicios morales de su época, al fin y al cabo tuvieron lo que merecían, un castigo ejemplar. El realismo siempre enfrenta un problema añadido: el final de las historias ha de construir un sentido digerible según la época, y morir o matar son los dos destinos comprensibles a finales del siglo XIX.
El termino bovarismo ha quedado como abstracción de la insatisfacción femenina. Algo que parece no terminar nunca a pesar de las circunstancias históricas,
Años mas tarde (1928) D. H. Lawrence escribió la historia de otra mujer insatisfecha, Constance (Connie) en su novela “El amante de Lady Chaterley” que tuvo mucho éxito y de la que se han hecho versiones de películas que curiosamente cambian el final. Parte de su éxito procede del hecho de que Connie está casada con un hombre parapléjico, lo que acentúa la capacidad femenina para la identificación ¿No es lógico que una mujer se sienta insatisfecha con un hombre parapléjico? Este hecho afloja el juicio moral y permite al autor intercalar algunas escenas eróticas explícitas en la novela (algo que no vamos a encontrar antes de él) lo que le daba a la novela parte de su interés, pues las escenas de cama siempre suscitan el interés del lector. Solo que el amante es un guardabosques llamado Mellors. Aqui el problema ya no se suscita por la infidelidad misma sino por la clase social de Mellors y sus distintas maneras de ver la vida.
Lo cierto es que Mellors es un hombre desubicado, un solitario que no se halla cómodo en ninguno de los dos lugares. Su profesión de guardabosques en un bosque que es una pequeña mancha verde en un mundo industrializado, es la perfecta metáfora de quién es él y cómo se siente.
Será por eso que al final huye de allí y se va a vivir lejos y el final verdadero de la novela nos deja en ascuas (al contrario de la película) porque no se sabe si hay o no hay justicia poética. El final está construido para que el lector proyecte su deseo en la vida de ambos personajes.
Se considera a D. H. Lawrence como el primer novelista en explorar el genero erótico y no solo el romántico. Un genero que tendría en adelante las misma notoriedad que antaño tuvieron las novelas románticas, mientras haya mujeres insatisfechas.
Hoy la novela romántica se ha refundido con la novela erótica generando un nuevo género, el soft porn (el porno suave) que cada día tiene más lectoras a medida que aumenta la precariedad de la pareja y aumenta la rivalidad intrasexual femenina.
En definitiva, a través de la literatura podemos ver las múltiples versiones de la insatisfacción femenina. Una angustia existencial —el sentido de la vida en Emma, una angustia amorosa en Anna que es capaz de renunciar a todo (incluso a su hijo) por un ideal amoroso. Y la angustia sexual de Conni, una deprivación muy comprensible hoy pero que en 1928 también resultó escandalosa.
¿Cual será la razón de la próxima insatisfacción?
O mejor:
¿Por qué las mujeres se sienten crónicamente insatisfechas?
Las puertas de la insatisfacción femenina.-
Como ya hemos visto en el post que aquí termina, las causas de la insatisfacción son múltiples, tanto que podríamos decir que hay tantas insatisfacciones como mujeres insatisfechas salen en el contaje, lo que es cierto —y es la teoría que sustenta este autor— es que la insatisfacción sigue patrones culturales. Cada época presenta una insatisfacción bien diferente que podemos perseguir a través de su literatura.
Lo que caracteriza a los seres humanos es la dualidad, un eterno conflicto entre la naturaleza y la cultura que termina por germinar en forma de una disonancia cognitiva que cada cual ha de navegar con los elementos psicológicos de los que dispone. Una dualidad que ya se presenta en la infancia cuando el niño ha de encajar las primeras decepciones en la escuela donde no necesariamente va a contar con la aceptación incondicional de su familia. La reputación, el sexo, la complicidad, el grupo, la amistad, las comparaciones y rivalidades aparecen ya en en la más tierna infancia y cada cual ha de conformar una explicación para sí mismo con estos materiales. ¿Qué normas seguir? ¿las que traemos aprendidas de casa o las nuevas normas que aprendemos en el colegio a través de nuestros iguales? También podemos no seguir ninguna, inventarnos la nuestra o aparentar que carecemos de norma.
Pero además de eso existen elementos culturales que hegemonizan una determinada época. Por ejemplo la emergencia de la burguesía supuso un verdadero golpe de efecto cultural. A partir de un determinado momento la nobleza comenzó a perder su brillo y su dinero que aparecía ahora en manos de nuevos ricos, los comerciantes. El nacimiento de la empresa se fundió con el concepto de familia y desde entonces el matrimonio es una forma reglamentada para aumentar el patrimonio. Casarse por amor quedaba en manos de aquellos que no tenían nada que mantener: como la nobleza, los burgueses se casaban forzados por reglas que no se podían subvertir. Eso quedaba en manos de los criminales o de las clases bajas, gente sin formación.
No es raro pues que obligadas por la razón del beneficio, hubiera muchas mujeres casadas con personas con las que no podían compartir nada. Eso le sucedía a Emma y a Anna, dos de las disidentes más importantes de la literatura universal. La pregunta que habría que hacerse es ¿qué las impulsó a casarse con aquellos maridos destinados a ser el hazmerreir de sus conciudadanos? Probablemente no tenían la suficiente instrucción para elegir una vida independiente, o eran lo suficientemente holgazanas para hacerlo o carecían de bienes propios. Damos por buena la idea de que se casaron forzadas y cuando alguien se casa con estas condiciones lo que es de esperar es que se desencadene un amour fou , es decir un amor pasional que ponga el tablero patas arriba. Es por eso que la novela de Flaubert o la de Tostoi son importantes pues recogen una subjetividad que trata de redimirse a través del lujo, la aventura o del amor.
Algo parecido la pasa a Connie en “La amante”, solo que aquí lo que brilla con singular importancia es el sexo, la insatisfacción sexual, aun hoy cuando pensamos en una mujer insatisfecha solemos pensar en la insatisfacción sexual. Es el comienzo de la edad moderna y el fin del romanticismo. Aquí lo que se busca desesperadamente es el placer negado a través del matrimonio y que se busca en lo prohibido. Es por eso que la novela termina con un final suspendido, irresuelto y que renuncia a la justicia poética de un final romántico a la vieja usanza.
Hoy la insatisfacción femenina se oculta en el cuerpo, ya no hay insatisfacciones abstractas sino muy concretas, las niñas se comparan unas con otras, se tasan con la mirada y ejercen de censura agropecuaria en el tamaño de las tetas, la facilidad para ligar, los centímetros del cuerpo que se ofrecen a la mirada o los tatuajes más o menos aberrantes que ensucian sus pieles. Si a ello unimos la precariedad de parejas y al conflicto que hace que la rivalidad intrasexual femenina sea feroz.
Y todo ello complicado con la publicidad y la propaganda que en sí misma engendra una disonancia aun más grave: ¿Qué deben hacer las mujeres, ser atractivas o competitivas? ¿Han de pelear contra sus congéneres para robarles la pareja o dimitir y conformarse? ¿Han de competir con los hombres en su terreno de juego con armas de mujer o solo con armas de valores intelectuales? ¿Cuantos centimetros de escote dividen la seriedad de la superficialidad?
Aquí aparece de nuevo la dualidad que muchas resuelven con una actitud masculina-desafiante y otra femenina seductora o necesitada de tutela. Y simultáneamente según el contexto.
Ahora todas las mujeres pueden elegir pareja, hasta los reyes. Y no parece que haya mejorado la situación, los hogares monoparentales y el divorcio han venido a sustituir a los finales escabrosos de la novela realista, pero la situación no parece haber mejorado colectivamente hablando en ningún caso, quizá porque nuestra época propicia el caos como una forma de oposición a unas normas que ya no convocan a nadie.
DIcho de otra manera: ya no tenemos reglas a las que oponernos salvo las que cada uno invente para promocionarse.
Cuando termines el artículo:


esa conducta se repite ahora sumando un “narcisismo” triunfalista en la profesión, para las mujeres , con el frío muro de la realidad y fertilidad; donde los hombres retoman su rol sano, pero no les aguantan sus capichos a aquellas que juegan a lo “rídiculo” (Moliére), que ni su familia las aguantan. Las referencias actuales son: pañuelos verdes, muro (wall), Abel Torres, frame, hipergamia, inmadurez, Rational male, Tomassi Me gustan tus grandes observaciones de Neurociencia.
https://mediarteducation.wordpress.com/2023/12/20/integro/