La empatía es una simpatía donde no hay identificación, es la buena actitud terapéutica. La simpatía estalla por identificación cuando alguien nos cuenta algo que resuena en nuestro interior, por eso se llama sim-patía. Sin embargo la empatía no depende de esa resonancia, se es empático simplemente porque alguien cuenta algo humano, algo que nos sobrecoge con independencia de si lo hemos experimentado por nosotros mismos o no.
En este sentido la simpatía es una empatía caliente, trabajo de la amígdala que convoca la identificación mientras que la empatía es un trabajo de la corteza cerebral y no implica identificación, la buena herramienta de los terapeutas.
Ayudar no significa intentar arreglar la vida a la gente que sufre sino estar presente, tener presencia y resistir ese impulso tan humano que es aconsejar o intervenir demasiado intrusivamente.
La simpatía no cura sino que atrapa, pero la empatía es curativa solo por el hecho de que deja ir.
Pero hay dos tipos de empatía, una es la empatía del cazador (del psicópata) que sabe discriminar bien a sus presas a veces solo por su manera de caminar y luego la empatía del benefactor, ese que cree en la libertad y que no pretende inmiscuirse en el relato del otro, salvo para confrontar con realismo su verosimilitud.
La empatía del que comprende a secas.
La que cura.
[youtube https://www.youtube.com/watch?v=AiZt7Gc0oMo&w=560&h=315]
Cuando termines el artículo:
Empatía del cazador o del guerrero (o político), que se esfuerza en conocer a su enemigo, convirtiendo la guerra en arte del engaño. Gracias, como siempre, por este post tan clarificador.
Nuestra sociedad está montada sobre la empatía de una minoría de “humanos” cazadores psicópatas bajo el disimulo de unas leyes y educación, en realidad más bien adoctrinamiento, que fuerzan nuestro consentimiento para poder ser depredados.
Somos una mayoría de ranas cociéndose en la olla de una minoría de depredadores. Afortunadamente existe también otra minoría dotada de la empatía del benefactor que a duras penas logra controlar que la olla no llegue a hervir, dando la oportunidad de poder saltar fuera de la olla a quienes reconocen su natural libertad para poder elegir y son capaces de negar su consentimiento a ser depredados.
Interesante sobre la empatía del cazador es el libro de Adolf Tobeña, titulado Neurología de la maldad. Mentes predadoras y perversas.
https://www.casadellibro.com/libro-neurologia-de-la-maldad/9788416820672/4786576
El cazador solitario no es la regla en nuestra especie sino el cazador gregario:
https://pacotraver.wordpress.com/2013/02/07/la-hipotesis-del-cazador-solitario/
Si claro, ya lo dice el refrán: “dios los cria y ellos se juntan”. Somos una espécie gregaria y estratificada, como los lobos, solo que mucho más rebuscados y menos nobles.
Destaco la salvedad:
la empatía del benefactor, ese que cree en la libertad y que no pretende inmiscuirse en el relato del otro, salvo para confrontar con realismo su verosimilitud.
Tampoco habría empatía si no se ejerce una apertura a las posibilidades de interpretación, de reflejar lo que hay con la intención de profundizar en la comprensión del nudo y de las causas del bloqueo o del sufrimiento. Es verdad que tener presencia hace la diferencia, en cierto modo desaparecer como subjetividad autoreferente que no hace sino absorber cada realidad en sus redes, pero la presencia que ofrece un trabajo de comprensión es necesaria para movilizar energías estancadas.
Sin duda, la empatia es comprender a diferencia de la simpatía que es tomar parte