¿Por qué el materialismo es un embuste? 5

Hay algo profundamente sospechoso en la comodidad con la que hemos aceptado que la mente es un subproducto del cerebro. Como si la experiencia —eso único que tenemos de verdad— fuera una especie de espuma sin importancia generada por la materia.

Bernardo Kastrup, en su crítica al materialismo, hace algo que debería ser obvio pero no lo es: le da la vuelta al problema. No es la mente la que está en el cerebro, sino el cerebro el que aparece en la mente. Y, de pronto, muchas cosas empiezan a encajar.

Porque el materialismo, cuando se piensa hasta el final, no solo no explica la consciencia: la disuelve, la niega o la convierte en un accidente sin sentido. Y, sin embargo, todo lo que sabemos —todo— ocurre en ese supuesto “accidente”.

Pero lo interesante no es solo desmontar el materialismo. Lo interesante es lo que aparece cuando uno lo abandona.

Si aceptamos que la realidad es, en su base, mental, entonces la pregunta ya no es “cómo surge la mente de la materia”, sino: ¿cómo se organiza esa mente? ¿qué la estructura? ¿por qué no vivimos en un caos absoluto de experiencias?

Aquí es donde, a mi juicio, la propuesta de Kastrup se queda corta.

Porque la mente no es un campo homogéneo. Está articulada. Y esa articulación no es otra cosa que la metáfora.

Vivimos en metáforas que han olvidado que lo son.

El lenguaje no describe el mundo: lo sostiene. Las categorías, las narrativas, las imágenes compartidas… todo eso forma una especie de tejido que estabiliza la experiencia y la convierte en “realidad”.

Y entonces la psicosis deja de ser un simple fallo cerebral.

Se convierte en otra cosa:
en el momento en que una metáfora deja de funcionar como metáfora y se convierte en ontología.

No es que el psicótico “no entienda”.
Es que cree demasiado.

Cree en la metáfora hasta sus últimas consecuencias.

Si dice que no tiene estómago, no es una figura. Es una realidad.
Si siente que le persiguen, no es una interpretación. Es el mundo mismo reorganizado.

La metáfora ha perdido su distancia, su elasticidad, su capacidad de juego. Se ha rigidificado. Se ha vuelto literal. Y al hacerlo, ha colonizado la realidad.

Desde este punto de vista, la diferencia entre cordura y locura no es una cuestión de verdad o falsedad, sino de uso.

El neurótico habita metáforas sin saberlo.
El psicótico queda atrapado en ellas.

Cierto chiste de psiquiatras dice asi: el neurótico construye castillos en el aire, el psicótico los habita y el psiquiatras cobra el alquiler.

Y entonces, quizá, la intuición de Kastrup pueda reformularse así:

La realidad no es material.
Pero tampoco es simplemente mental.

Es una construcción metafórica estabilizada.

Y la locura no es salir de la realidad.

Es entrar demasiado profundamente en una de sus metáfora.

La portada.-

La portada ya es, en sí misma, una metáfora perfecta… y bastante inquietante.

Ese reptil —frío, antiguo, casi prehistórico— mirando de lado, como si no terminara de encajar en nuestra forma de ver el mundo, funciona casi como un guiño silencioso al propio contenido del libro.

No es un animal cualquiera. Es una criatura que parece venir de otro régimen de realidad:

  • sin expresión humana,
  • sin interior reconocible,
  • pura superficie viva.

Y ahí está el golpe.

Porque lo que Kastrup propone es exactamente eso:
👉 que lo que llamamos “materia” —esa piel rugosa, ese cuerpo sólido— no es el fundamento de lo real, sino su apariencia. Lo mismo sucede con la palabra ciencia.

El lagarto parece sólido, externo, objetivo…
pero el libro te dice: eso ocurre en la mente.

Y si lo llevamos a mi terreno, la cosa se afila aún más:

👉 Esa imagen funciona como una metáfora congelada.
Una forma que parece evidente… hasta que deja de serlo.

El materialismo es como ese lagarto:

  • parece firme,
  • parece obvio,
  • parece incuestionable…

hasta que alguien cambia el marco y lo convierte en otra cosa.

Y ahí empieza el vértigo.

Porque entonces ya no estás viendo un animal en una portada.

Estás viendo:
👉 una construcción perceptiva,
👉 sostenida por un sistema de interpretación,
👉 que podría colapsar igual que en tu relato.

Y si colapsa, pasa lo mismo que con ciertos personajes de novela o de la vida real:

el mundo no desaparece…

pero deja de tener profundidad.

Cuando termines el artículo:

Después de leer

Conversación y debate

5 comentarios

La lectura continúa aquí: objeciones, matices, preguntas y cruces con otros textos.

  1. Genial !!! Me ha encantado !!! Adquiriré el libro y lo leeré con detenimiento. Muchísimas gracias. Ergo… ¿Es la conciencia en todas sus dimensiones (corporal, cognitiva, emocional, social… también una metáfora? Lo que sí tengo claro es lo que dice Chalmers, que eso de la experiencia subjetiva singular (qualia) no lo desentraña ni dios… por eso me gusta eso que dices de la metáfora. En fin, ya seguiremos. Salud y “palante”

  2. En el reino de los cielos

    El ser humano vive en un estado permanente liminal, un estado que transita entre el cielo “Conciencia” e infierno “Literalidad mecánica”, es el mito de la ciudad de Jerusalén; desde ese lugar se asciende al cielo cuando se utilizan las metáforas para transformar la materia bruta o lo literal, en algo con significado “Conciencia”, sin renunciar a ninguna; ni colgados de las nubes ni atrapados en una realidad descriptiva.

    Todo es metafora, la percepción necesita interpretación para presentarnos al mundo, el lenguaje con sus envases arbitrarios intentando contener ideas, a veces inabarcables y, por ultimo la identidad, donde el Yo es un relato para dar coherencia a un flujo variable entre anodo y catodo de experiencias.

    La literalidad mecanica es el infierno de la solidez, pero desde el cielo de la conciencia se observa que todo es simbolo, lo que contradice de que la realidad sea objetual, si no un poema que se escribe a si mismo mientras se lee.

    Aquí encuentro un dato interesante, y es que en el reino de los cielos donde todo es símbolo, se infiere una enorme libertad creativa, a la vez que nos condena a una incertidumbre absoluta; por eso creo que un cerebro predictivo y preocupado por sobrevivir llame metafóricamente felicidad a lo que en realidad no es mas que el intento de minimizar la incertidumbre de vivir y de futuro, por eso ese decantamiento en los últimos siglos hacia la solidez material; sin trascendencia de la materia, por que habría de escoger elevar la conciencia?.

    Todo se juega en la ciudad santa.

  3. Asi como la locura la metafora es textual y rigida, en la cordura la metafora es elastica y movil. Siguiendo la analogía de Einstein con la bicicleta, las metáfora necesitan dinamismo para sostener su equilibrio.

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